El faisán fue uno de los tres animales que Itzamná escogió para el Mayab. Volaba alto entre los árboles, y su fuerte grito se escuchaba por toda la selva.

Cuando los chilames anunciaron la conquista, el faisán corrió a esconderse entre las plantas para que los extraños no lo encontraran. En la profecía, su señal es la más grande de todas: un día volará tan alto que su sombra cubrirá todo el Mayab.