Las montañas de esta leyenda son la gran muralla que separaba al pueblo azteca del maíz. Eran tan enormes que ni siquiera los dioses antiguos, con toda su fuerza, pudieron separarlas.
Pero las montañas sí se podían cruzar: no con fuerza, sino por los caminos estrechos que solo conocen los animales más pequeños. Así fue como dos hormigas lograron lo que los dioses no pudieron.