Los dioses antiguos de esta leyenda querían ayudar al hambriento pueblo azteca, pero confiaban solo en su enorme fuerza. Intentaron separar las montañas empujando y jalando con todo su poder, para que el pueblo pudiera llegar al maíz, pero las montañas no se movieron, y los dioses fracasaron.

Su fracaso es la lección de la leyenda: lo que la fuerza no pudo lograr, Quetzalcóatl lo logró con la inteligencia.