Hace muchos siglos, en el oriente de la península de Yucatán, existía una ciudad maya llamada Zací, que significa «gavilán blanco». Hoy, en ese mismo lugar, está la ciudad de Valladolid. En Zací competían por el poder dos familias rivales: los Cupules y los Cocomes. En el centro de la ciudad había un cenote, y sobre su bóveda vivía la curandera del pueblo, una mujer sabia y poderosa que protegía a la familia de los Cocomes.
La curandera tenía una nieta huérfana llamada Sac-Nicté, que significa «flor blanca». Era una joven dulce y muy hermosa. Un día, Sac-Nicté conoció a Hul-Kin, que significa «rayo de sol», el hijo del cacique Halach-Huinic, de la familia de los Cupules. Los dos jóvenes se enamoraron profundamente, pero su amor era imposible: sus familias eran enemigas. Por eso se veían en secreto.
Cuando el cacique descubrió el romance secreto, se puso furioso. Para separar a los enamorados, envió a su hijo al sur, a casarse con la princesa de otro territorio y formar así una alianza política.
Sac-Nicté, que esperaba un hijo de Hul-Kin, supo de la boda. La noche anterior a la boda, llena de tristeza, ató una piedra a su largo cabello y se lanzó a las aguas del cenote.
Esa misma noche, lejos de Zací, Hul-Kin sintió un fuerte dolor en el pecho, como un presentimiento. Regresó a Zací esa misma noche. Al llegar, descubrió lo que había pasado. Desesperado, se lanzó también al cenote, para morir junto a su verdadero amor.
La vieja curandera se acercó a la orilla del cenote y lanzó al agua una flor blanca, diciendo que su promesa estaba cumplida. Después, llena de dolor y de rabia, lanzó una maldición sobre el cenote: cada año, cuando el manto verde de sus aguas se pusiera oscuro, el cenote cobraría una vida como sacrificio por aquel gran amor prohibido.
Hoy el Cenote Zací está en el centro de Valladolid, Yucatán. Es una enorme caverna parcialmente derrumbada, de unos cuarenta y cinco metros de diámetro. Muchos visitantes nadan en sus aguas verdes, pero los que conocen la leyenda recuerdan a Sac-Nicté y a Hul-Kin, y miran con respeto el color del agua.