La curandera del pueblo de Zací era una mujer sabia y poderosa —algunos la llamaban bruja— que vivía sobre la bóveda del cenote, en el corazón de la ciudad. Estaba bajo la protección de la familia de los Cocomes y era la abuela de Sac-Nicté, a quien crió de huérfana.
Después de la muerte de los dos enamorados, se acercó a la orilla del cenote, lanzó al agua una flor blanca y dijo que su promesa estaba cumplida. Después lanzó su maldición sobre el cenote: cada año, cuando sus aguas verdes se pusieran oscuras, cobraría una vida como sacrificio por aquel gran amor prohibido.