Popocatépetl era un joven guerrero azteca, valiente y enamorado de la princesa Iztaccíhuatl. Para ganar su mano fue a la guerra, luchó con valor y ganó todas las batallas. Cuando regresó y encontró muerta a la princesa, llevó su cuerpo a las montañas, lo acostó sobre una gran tumba y se quedó a su lado con una antorcha encendida.

En náhuatl, su nombre significa «montaña que humea». Se convirtió en el volcán que sigue activo hoy: según la leyenda, cuando recuerda a su amada, su corazón arde y el volcán lanza humo al cielo.